
LAS AMARRAS
¿Cómo, pues, encontrar esa senda
escondida
que del fuego nos libre?
Los pies, indecisos, se paran;
a una racha de viento, claudican
y se plantan, dormidos,
en el borde del cruel precipicio;
al calor y la sed se resignan
pues, los yelmos, del soto quemado,
son solanas que no dan cobijo.
¿Cuánto más de este tiempo
impasible
que, tal vez, persista?
Impaciente ilusión
que, agarrada a un suspiro de vida,
ve acercarse la soga eficaz
con palabras, caricias, sonrisas
en las Ucis que enrollan, deprisa,
las amarras de la salvación.
doctorpoeta