La lluvia chispea
en el vacío, desconfiado, de la tarde
y arrecia en la sima, sin estrellas,
de la noche.
La divina Enone, celosa
y apostada en su portal,
impone a Paris, burlador y faldero,
que por la calle pasaba sin paraguas
y calado, hasta el mismo corazón,
que eligiera una opción
que convenciera a los dos:
O la triple retirada o comer fruta del
mal…
Obediente, sin pudor, su lascivia simuló
y una jugosa manzana,
que del manzano cogió, decidió mordisquear…
Le cedió deidad al Amor que, tajante y con rigor,
una sentencia dictó:
“El Saber y el Poder, por impíedad, procesados,
debieran ser desterrados, por los elfos del Amor y el ardor de la Pasión,
hasta inframundos lejanos y se asen de calor».
¡Pero, en Troya por desgracia, la contienda ya empezó!
@doctorpoeta