
El domingo, como tal,
llevé la mente a asear:
Oír a Rachmaninov,
en concierto colosal
fue eficaz depuración.
Maravillosos tres tiempos
y previo a la coda final,
en virtuoso intercambio,
un violín desconsolado
fue apocando su lamento.
Pizzicatos jugarán,
graves, agudos, arpegios,
un semitono escalar;
de contrapunto, un ejemplo,
y el piano entró en allegro…
¡Sublime «barbaridad»!
#doctorpoeta