La vida y el amor conviven juntos. Nada vale más de un lustro en apreciarlo, comparado con el segundo de un “te quiero”. Moría mi corazón y su latir, alterno y lento, comenzó su resurgir cual flor abriendo. Surgió la maniobra de la fiel resurrección para, muy pronto, aplicar masaje externo: “Cuando la mano del amor golpea con fuerza, la vida brota como un parto natural, llegado a término, con grandes contracciones de expulsión de un dulce feto”
De partir, mi languidez, hacia la bruma triste y fría y con alas rotas por severa frustración, a que resurja para mí la dulce vida que me canta, que me besa, que en mí confía, queda, por medio, el usufructo del amor.
@doctorpoeta