
A Mary, mi querida esposa
de la que me enamoro en cada instante.
El manto de armiño
cubre, de majestad, tu hermosura;
desde el valle diviso en tu alcor,
cómo la brisa desarma con garbo,
tu peinado de orfebre;
El cabello, engastado en plata
y oro,
exhibe la bandera y el blasón
que proclaman tu linaje.
Más que nunca, hoy me pliego a tu
realeza
y me puede la obsesión por aclamarte.
De mi pecho fluye el ritual de pleitesía
que, envuelto en la seda de los versos,
mi corazón te envía.
Para ti:
la ternura de un beso sutil a la rosa
que abre;
el frescor que atempera la sed del
amor que renace
y las rimas que vocean mi pasión
con vigor incesante.
Vasallo de tu beldad, me apresto servil
a rendirte tributo:
Se postra mi quietud cuando fijo en ti
mis ojos.
Te miro, me miras y al confluir los sentidos,
la parálisis me anuda;
inmóvil por vano espacio y ausente por
tiempo inerte.
Se dispersa mi mirada en la tuya y tu imagen,
desvanece por mi mente.
Se rehace la esperanza tras el trance,
se acicala el silencio, a mi deleite
y me miras;
yo te miro y al trenzarse
el sentimiento, mi mirada al fin trasciende.
Un adagio, en armonía con tu suspiro,
acaricia el umbral de mis oídos
y una escala, que has tendido, me incita a trepar
impasible, a tu destino.
Ya, sumido en la cadencia de las notas,
se incorpora mi latido.al arpegio y su prestancia
y fascinado, recitará mi deseo, en el umbral de tu
morada.
De nuevo, con acordes recibida, cantaré mi trova de
la dicha:
fiel refrendo a dos miradas, que conectan cuando
cruzan;
el jadeo, entrecortado, de dos vidas que se abrazan;
la tersura de tu piel, en mis caricias y el sabor, a fuego
y miel, que ya degusto,
en tus labios encendidos por la llama,
que tú atizas,
en mi alma enamorada.
doctorpoeta