Tras el empoderamiento sectario, también en cuestiones de educación, nos hace pensar en el riesgo que deriva de limitar la formación en Filosofía, al considerarla como decisión intrigante. Consumada la privación de esta disciplina, al educando se le limitaría su necesidad y derecho de pensar, relegándolo a una mentalidad retrógrada, cavernícola y manejable. En caso de llevarse a cabo tal frivolidad, en los programas educativos, debe tenerse en cuenta una drástica rectificación; mantener a las personas cautivas del pensamiento único y privadas de su capacidad discriminativa mediante añagazas sería, cuando menos, un insulto a la integridad existencial y a su dignidad. «Conocer por la razón y no por lo que te cuenten» debe ser el objetivo primordial del docente.
«A la libertad se llega por la educación y a la educación, por la libertad»
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