Con un beso diste cauce a mi suspiro,
junto al eco de la fuente cantarina;
me impulsaste, con un guiño y tu mirada,
a llenar, con pundonor, el cruel vacío,
y partir para tu estrella, más cercana,
que, a concurso de traslado, había salido.
Fue mi anhelo y nada temo:
me sacaste de cañadas tan ladinas
cuando urdiste, por razones de calado,
convencida
que, cogidos de la mano allende el sueño
y a los sones trovadores de mí lira,
ascendemos, levitando, por el cielo.
@doctorpoeta