Retomaré el sendero de los

versos, solitario y desoído;

el temor amenaza,

como clavo encendido,

con la hiel de un trago amargo

al jadeo por la calima;

y el jardín del pensamiento,

donde florece la vida,

que va secando y crujiendo

y, en su miseria, crepita.

Confinado en mi refugio

bebo la miel del silencio,

donde los sueños se eligen

y, de dulce, se confitan.

Afiliado a la ilusión

y embriagado

de colores y de aromas,

me afecto de dulzura:

-Con las olas que, al batir,

 buscan remojar la calma.

-Con la espuma que, al llegar,

besa de yodo mis pies 

y hace, en los dedos, sentir

alegorías de sirena.

-Con la brisa que atempera

y hace amena la leyenda.

-Con el edén, encima de la marea,

donde la flor,

perfumada por la musa,

luce ufana su color

y sacia al fruto con su néctar.

En la noche de mis versos,

el poema despereza

y trama levitar mi efigie,

sobre el tiempo y el espacio

para llegar, con largueza,

al baile de las estrellas.

El frescor de luz de luna,

cuando el sol, su furia  esconde,

presto, ilumina la estrofa

y a bordo del estrambote,

en la danza me involucra.

doctorpoeta

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