El estado de conciencia del bebé puede alterarse en múltiples circunstancias clínicas como, traumatismos (incluído el zarandeo) accidentes cerebro-vasculares (aneurismas, hematomas), intoxicación por drogas y medicamentos, fiebre, descompensación metabólica, meningitis (y otras infecciones), tumores cerebrales, convulsiones febriles o epilépticas e insuficiencia cardíaca, inundación y otros desastres naturales.
La evaluación del grado de conciencia se enmarca, en función del pronóstico, en el siguiente estadiaje:
Estado 1: Ojos cerrados y globos oculares sin moverse, respiración regular y sueño profundo. A priori, esta situación es tranquilizadora si permanece estable.
Estado 2: Ojos cerrados y globos oculares en movimiento. Respiración irregular, reflejo de succión mantenido de forma intermitente y respuesta a estímulos con movimientos. Requiere vigilancia hospitalaria de la evolución, en alerta +
Estado 3: Somnoliento con mirada apagada. Respuesta a estímulos retrasada. Requiere vigilancia hospitalaria en alerta++ y diagnóstico por la imagen.
Estado 4: Mira fijamente al foco de estimulación con ojos brillantes y escasez de movimientos. Requiere seguimiento hospitalario en alerta+++ y monitorización.
Estado 5: Ojos abiertos y atentos, con muchos movimientos de las extremidades, y sonidos guturales de EXCITACIÓN. Requiere asistencia urgente por alerta++++mantenimiento de las constantes, control de la excitabilidad y hoja de consulta urgente a Neurocirugía, en los casos considerados quirúrgicos.
Estado 6: difiere del anterior en que la sobreexcitación es muy intensa acompañada de llanto y tempestad de movimientos. Requiere actuación rápida, colegiada, no ya por una situación de alerta, sino porque el cuadro clínico podría ser compatible con un estado precomatoso de suma gravedad.
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