
¡CABRONES!
Entre las secuelas, bastante comunes, del abuso sexual en menores y, por tanto, catalogables como síndrome, hemos de enfrentarnos, con absoluta desesperación:
-A los tremendos trastornos, pocas veces reversibles, de la conducta alimentaria, como anorexia y bulimia.
-A la terrible respuesta psicológica conocida como “desafiante-oposición”, un infierno en la relación con su entorno.
-Al hiriente complejo de culpabilidad observado en la mayoría de los casos.
-A las dramáticas fobias a todo, o a casi todo, miedo escénico y confinamiento por rincones y oscuridad; muchas veces encerrados en el “mundo” de la alcoba.
-A cuadros de depresión-ansiedad, casi siempre presentes, con tendencia al suicidio y/o consumación del mismo.
-A paranoias agresivas a terceros y/o autolesiones.
-Al «refugio» en alcoholismo y la drogadicción.
-A alteraciones irreversibles del sueño.
-A promiscuidad sexual, masturbación reactiva y compulsiva y prostitución.
-Al fracaso escolar, infecciones urinarias y dolor al orinar, sangrado vaginal, sangrado rectal, falta de control en la emisión de orina y heces…
¿Puede optar al perdón la canallada? ¿Quién, cómo y cuándo se repara? ¿5 años y un día? ¡Joder!
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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