Aumenta considerablemente la frecuencia del llamado TRASTORNO DISOCIAL DEL COMPORTAMIENTO, en sus formas INFANTIL (antes de los diez años) y JUVENIL (después de los diez años)
En ambos de detecta una falta de cumplimiento de reglas, normas y leyes impuestas por la autoridad, así como la violación constante de los derechos de los demás. No se asocia a anomalías orgánicas conocidas y se considera, en muchas ocasiones, secundario al TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE y/o al TRASTORNO DE DÉFICIT DE ATENCIÓN-HIPERACTIVIDAD. La casuística prevalece en niños varones y su pronóstico es malo, con problemática y fracaso a la vuelta a la normalidad.
Se caracteriza por la agresividad y la frecuencia de provocar lesiones físicas a terceros; es frecuente el consumo abusivo de sustancias; suele haber antecedentes familiares; también puede aparecer como consecuencia de traumatismos craneales; la inteligencia suele ser inferior a la media; la agresividad aumenta, en frecuencia e intensidad, con la interferencia de síntomas psicóticos.
En la forma preadolescente, adolescente o juvenil, hay mayor afectación en niñas y el pronóstico suele ser más satisfactorio; no existe violencia conductual, o es escasa; suele asociarse con cuadros de depresión-ansiedad, por lo que pueden aparecer pensamientos suicidas o suicidios genuinos; el nivel de inteligencia es normal y nunca falta el arrepentimiento de su mal comportamiento y el avenirse a razones, aunque suelen volver a las andadas. La eficacia de un tratamiento adecuado es la norma.
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