
-Para que, la amistad y el compañerismo sigan siendo incondicionales, surjan por principio universal y no por oportunismo y conveniencia, en situaciones concretas e interesadas.
-Para que, en el diálogo, no intervengan más que palabras de ánimo, de aprecio, de gratitud y de alegría.
-Por que tengamos muy en cuenta que, para consolidar el afecto, hay que entablillarlo con la lealtad.
-Por todo ello, y por tantas cosas más, que nuestro deseo siempre sea irrenunciable.
Antonio C. Rodríguez Armenteros
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