
Allá en mi nube estabas y, aunque oscureció la noche, mi pasión no se cegaba; al contemplar las estrellas, por la niebla, se esfumaban y la Luna cautelosa ¿a quién de los dos miraba?: a mi anhelo, por la playa o, al lado, en su mismo cielo, donde tus ojos brillaban. Voy a exigirle a mi sueño que me acerque con su vuelo, a esa nube tan lejana, para fundirme en tu llama; tu nombre musitaré con los ojos entornados y, al sentir latir tu sien en mi pecho recostada, tu cabello mesaré con el temple de mis manos…
doctorpoeta
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