Las personas narcisistas se sienten ubicadas en otra galaxia y necesitan ser admiradas. Creerse superiores les conduce a comportamientos agresivos y acosadores; lo pasan muy mal cuando «las cosas se le tuercen». Se arrogan el derecho de controlar y dirigir la vida de quienes les rodean, colocándose siempre en el centro de la atención. Perciben como un “hachazo” en su ego si se sienten ignoradas y les provoca pánico sentirse débiles o mostrar fragilidad; en su interior, sienten derrumbada su autoestima y hacen lo posible por ocultarlo en escena, aunque se les nota “mogollón”. Por ello estas personas, además de soberbias, suelen ser inestables, mentirosas, poco fiables y traicioneras.
Sus comportamientos son arrogantes, engreídos, faltos de empatía, colocando en una nebulosa el sentido común. Utilizan un relato, que tiende a la tozudez autorreferencial, y padecen una inevitable necesidad de ser admiradas, rodeándose habitualmente de una “claque” de cobistas y palmeros.
La reparación de este trastorno, basada en técnicas de psicoterapia (“curas de humildad”) presenta una dificultad: El narcisista nunca va a asumir que tiene un problema y evita cualquier cita para consulta o tratamiento. El médico debe asumir la responsabilidad de la confirmación diagnóstica y del asesoramiento terapéutico, con el objetivo prioritario de facilitar la convivencia, tan difícil y aparatosa, cuando existe alguien que la hace insoportable por el mero hecho de creer que, por ser el más guapo y más listo, “siempre lleva razón”.
#doctorpoeta