
Con la vacuna anti-Covid-19, ya a disposición del mundo, se abre el añorado camino hacia la esperanza; el motivo por el que brindar está tan justificado como el deseo de que, el año que nos llega, no sea otro periodo advenedizo proclive a la tristeza y a la resignación, sino abierto a la ilusión y al despertar de una horrible pesadilla.
Como profesional sanitario, ya de “vuelta”, permanece íntegro mi entusiasmo por la posibilidad de aportar algo de felicidad a quienes padecen y movido, por la forma de optimizar los medios disponibles para el control de esta tremenda pandemia, sobre todo disponiendo ya de la vacuna, conseguida en tan breve espacio de tiempo, con tanto rigor científico y garantías de seguridad, me produce una inmensa sensación de alivio, optimismo y asombro; hasta me siento rejuvenecido por esta “inyección” de moral.
Quiero lanzar, tal vez al aire, o también a quienes puedan, o tengan a bien contestar, una pregunta que surge desde mi modesta formación virológica:
El término vacuna, no solamente está ligado a PROFILAXIS (PREVENCIÓN), sino también, en determinadas infecciones y en función de la situación inmunológica de los pacientes, a TERAPÉUTICA (TRATAMIENTO). Respecto a esta ambivalencia no tengo, o no me ha llegado, información sobre si la vacuna que nos ocupa pudiera estar dotada de ambas acciones.
Si conseguir eficacia terapéutica hubiera sido también demostrada por la colosal investigación, la determinación de vacunar, de manera preferente, a los pacientes con síntomas de Covid-19, de pronóstico más o menos grave a criterio de los facultativos, ¿debería ser incluida en los protocolos de tratamiento?.
Si este efecto CURATIVO estuviera por demostrar mediante la respuesta clínica y en función de la idiosincrasia inmunológica de cada paciente, ¿existiría igualmente una razón de peso para incorporar la vacuna a las hojas de tratamiento?.
Agradecer infinitamente a sus valedores al tiempo que dar la bienvenida a este arma que, ahora sí, nos hace conciliar el sueño, es de obligado reconocimiento.
Con toda cordialidad y compañerismo
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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