Sufre un niño; llanto intenso,
fiebre alta.
De repente ha vomitado;
son las tres de la mañana.
¿Y su llanto qué reclama?
¿Qué le pasa, que no mama?
Nada quiere su mirada;
nada, su boca cerrada;
nada, nada, nada, nada;
sea un arrullo, sea el chupete;
sea que le canten su nana.
Me presta el saber Apolo
y Panacea, su tisana;
con el lucero del alba,
tiene más fresca la cara.
Y tu hijo ya no llora
porque, en tu pecho, se sacia…
¡Y un suspiro, en tu garganta,
me saca ya de la sala!
@doctorpoeta