Mi cuerpo ha de morir,
inapelable andanza,
pero adosaste en mi
la infinitud del alma,
que puede revivir mil sueños
de esperanza,
ya sea mirando al mar,
o mire la montaña;
oyendo un viento cruel
que, árboles, espanta
o sienta en su interior
vivir en otra estancia.
Y, dímelo, por Dios:
Si a otro mundo iré, promesas
del ayer,
¿por qué, tan cierto, es
un fin de corta espera,
si viviré después,
espero que a tu vera.
@doctorpoeta
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