En el prematuro y, con más intensidad de riesgo inversamente proporcional a su edad gestacional y al peso del nacimiento, en los dos primeros días aparecen con más incidencia los síntomas de alarma, entre los que se incluyen: la temperatura corporal baja, o muy baja, considerable hopotensión arterial, disminución o elevación de la cifra de glóbulos rojos, piel y mucosas amarillas, neumonía, respiración rápida, que puede ser pasajera, la temible enfermedad de la membrana hialina, por formación de ”telillas” de fibrina que comprimen el espacio de los alveolos, el intestino paralizado, afectación del cerebro por falta de la llegada de oxígeno, glucosa en sangre alta o baja, calcio bajo, sodio y potasio, altos, plasma sanguíneo espeso, bajo contenido de proteínas en la sangre y hemorragia dentro de los ventrículos cerebrales (depósitos donde se almacena el líquido cefalorraquídeo).
Por lógica deducción, la disminución importante de estas peligrosas situaciones, no hace mucho tiempo mortales de necesidad, lograr la supervivencia de estos seres con tantas carencias biológicas y nutritivas, incluso de prematuros de bajo peso extremo, logros sorprendentes de la neonatología, hay que atribuirlos, primero a la inmejorable y sostenida preparación de los profesionales (todos) de estos servicios, cada vez más prestigiados a nivel nacional e internacional; segundo, a la introducción de “aparatos” de increíbles prestaciones tecnológicas y tercero y muy importante, a la comprensión de los angustiados padres y familiares, que se sobreponen para aportar, con ilusión, los menesteres que en beneficio de su retoño, les son solicitados.
¡Vamos, neonatólogos!
@doctorpoeta