Ayer por la tarde, en mi emplazamiento habitual de la playa, fui requerido por unas personas que sabían de mi profesión, para proponerme atender a un niño que presentaba desde la mañana, fiebre alta y un intenso dolor en el oído izquierdo. Accedí con mucho gusto, y de forma totalmente emérita por mi situación de vacaciones, con objeto de buscar una solución rápida y paliar su sufrimiento.
Ya, en mi vivienda, lo exploré y descubri que el dolor era como consecuencia de una otitis externa; es decir, la inflamación estaba localizada en el conducto auditivo. Este tipo de otitis es frecuente en épocas de baño y se debe a causas externas (agua que entra e infección secundaria) a diferenciar de las otitis medias cuya causa comienza desde dentro (moco que, desde la faringe, llega a la caja del tímpano).
También puede haber, aunque inusuales, formas mixtas o coincidentes por contiguidad, azarosas o complicativas, sobre todo si hay perforación del tímpano.
Mientras llegaba un familiar de la farmacia, apliqué calor local y mejoró de forma rápida
En este tipo de otitis, de fácil acceso externo, es cuando únicamente debe tratarse con gotas óticas. Sin embargo, las otitis medias han de tratarse accediendo a través de las fosas nasales y faringe (al sitio del catarro) y no deben aplicarse gotas en los oídos.
Una vez llegaron las gotas, limpié el conducto e instilé la dosis ideal. Di instrucciones sobre la frecuencia de aplicación, asocié antiinflamatorios y propuse controlar a la semana de iniciado el tratamiento; hasta entonces, recomendé la prohibición del baño.
#doctorpoeta