No queda, en mí,
nada a qué oponerse,
volaron, a otro fin,
rencor e ira;
al fin llegó tu amor
a serme indiferente:
¡Que el eco de tu voz
se fue a otra vida,
y tengo que fingir
que no me escuece!
No queda, en mí,
nada a qué oponerse,
volaron, a otro fin,
rencor e ira;
al fin llegó tu amor
a serme indiferente:
¡Que el eco de tu voz
se fue a otra vida,
y tengo que fingir
que no me escuece!