POR CUYO NOMBRE, DELIRO
Con aromas a tomillo
y brisas de Jabalcuz,
por el pinar del Castillo,
se abre el sendero a la Cruz.
Retando a la Pandera,
audaz el Aznaitin,
somete a mi Manchuela
y al río Guadalquivir.
Inmenso mar de olivos
que hace, la vista, sentir
y el repicar de campanas, que, deleita los oídos,
al fresco de la mañana,
con clamores de jazmín.
Y, junto al pié de la Cruz,
embargado de emoción,
el recuerdo me llevó
a nuestra fragua de amor:
Segunda escalinata,
grabando un corazón,
temblando mi Pastira,
mi mano acarició.
Paisajes y latidos,
suspiro y despertar;
de aquel beso, un testigo,
la hermosa Catedral.
@doctorpoeta