
BATALLITAS
Fui, por la derecha, extremo (de once era la plantilla) de aquel memorable equipo (el Imperio, fondo Azul) de la simpar Noble Villa: la bella Mancha Real. Diez reales por partido era la paga oficial, una vez se detraía: por cada ducha, aunque fría, un real; más un real añadido, en base a lavandería. También a considerar, los pinchazos del balón, que, gratis parcheaba el «Guindo» y sólo el material cobraba.
Y, referente a las botas, no es más exquisito hablar: de usufructo «universal» (imaginad su “cantar”; las suelas, casi sin tacos, las lengüetas «resabiás»; los empeines desollados y las punteras «calás». ¿Y las medias? ¡»Despistás», por los rincones, cada una sin su par y todas con «melocotones»! Camiseta y pantalones, parecían de Superman.
¿Que si queríamos jugar? ¡Todos, lo puedo jurar, se ganara o se perdiera con un árbitro local!
¿Qué se hacía con las lesiones? Quehacer del «maestro armero» y su fisio, el sacristán (que llevaba agua bendita y también rezar sabía) y, si fuerte era el dolor, a doña María acudías, la comadrona ejemplar. Cuando sangre se veía, yodo había que pincelar y si eran contusiones, aunque los ojos picaran, dulcemente te aplicaban aquel «Linimento Sloan» ( gentil «tío de los bigotes»), de efecto descomunal. No recuerdo qué se hacía cuando el Covid sin testar, porque, haberlos, los había, a la garganta acudían como un catarro vulgar; sé que la liga, seguía.
Y aquella etapa feliz, llegó a su culminación cuando, por unanimidad, a mí se me concedió, el “balón de pan de oro”, donado por la afición y el bar de tapas del «Moro”
Es odioso comparar, pero lo ocurrido a Messi es, con mucho, bien distinto de lo que, a mí, me fue a pasar; para él, punto y seguido y otra mina que picar; para mí, punto, sin más: Fue mi padre radical; cuando no me lo esperaba y a golpe de autoridad sin mediar explicación, me prohibió la veleidad: a Granada fui a estudiar; y ¡Virgen Santa!, a Dios gracias, que acertó con su «sermón» y todavía visto bata, pues nací para curar.
doctorpoeta