
“El aroma a buen café resucita a un muerto”: aforismo más que certero porque, en la pesadilla que horas antes me atormentó, fui víctima irredenta de la maldita y asquerosa tensión que está llevando al mundo a un lugar, cuando menos, inaguantable.
Creo, y posiblemente los demás sufridores conmigo, que pudiera ser un aluvio pensar en la posibilidad de salir de este pufostio, y de resultas, rescatar la bondad reparadora del sueño.
¿Si se alargará en el tiempo? Desde la intuición, estimulada por el regusto a café, al no haberse alcanzado concreción en tantas cuestiones a «arreglar», me embargan las dudas, aun con la esperanza de obtener respuestas tranquilizadoras para amortizar el temor y la inseguridad.
Como la razón suele ser inapelable, hay que confiar en la política metodológica libre de connotaciones espurias, que con su inmenso potencial, gane la batalla al inícuo transgresor.
Mi convicción, alertada por la cafeína, concluye que los desórdenes existenciales no van a ser sino “lipotimias pasajeras del ánimo”. ¡Vayamos pues, haciendo calentamiento porque los pies decididos al paso firme, más pronto que tarde, van a seguir avanzando para doblar otra esquina!
doctorpoeta
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