LA DICTADURA DEL MAL
Urdí dispersar diablos, lidiándolos por la vida; recapacito de entrada, porque su talante es fiero, y mis feudos gritarían si no acierto con la espada. ¿Los tengo que exterminar? Picarlos es mi cometido; pensaré, forma y manera, porque me tientan sin pausa…
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