¡CUÁNTO DOLOR, MADRE MÍA! (O como la vida misma).
ONOMÁSTICA Que, hoy, no te llamen Dolores, porque tienes que alegrarte: eres Reina de la Gloria y es, de cristianos, llamarte, cariñosamente, Lola. ¡Vive Dios! que, en adelante, sufrirás, como persona, un DOLOR insoportable, templado con su Victoria, que fue un hito…
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