Mi alma despunta

como mana el sol

en el manantial

de las colinas ocres y verdes

y el fulgor, salpica hasta tu dicha.

Cuando la vida despereza

y el amanecer

refresca el verdor de la pradera;                                                   

cuando la noche huye

 tras las cumbres y

 los trinos y campanas

 se embelesan,

nuestra espera impaciente,

 al alba,

 ¡ha merecido la calma

y un beso, de recompensa!.

doctorpoeta